No quisiera hablar del tiempo,
y los astros no dicen más que la quietud.

Los viejos borrachos por la flema de la gripe,
se encantan con su vino y pasan el frío
en una copa que deja en el cuerpo el calor
de una memoria mal cuidada.

Un cigarrillo se enciende bajo el cielo
vertiendo el pensamiento en imágenes a color.

Todo pasa y no decimos nada por respeto
al oído y al sonido.

Las bocas que dicen,
le hablan al mismo viento que arrastra los papeles sucios
por la ciudad.

Una canción suena empujando en su sonar
la contemplación de un día carente de néctar.

Y el sueño derrite los huesos en una cama
que viaja sin saber donde va.

La muerte se aparece y cruzando sus piernas
se pone a silbar.


no tapes mis ojos cuando muera,
no los cerrare.

Lanzado como humo del fumon,

desperdiciado tabaco al aire.

Niebla que se diluye haciendo

formas bajo las nubes.


Bailando en introspectiva vida,

único tiempo que se brinda a la verdad.

Épocas del año,

rellenando todo como clavo en pie,

atletas de efímera presencia que la memoria

monta a la convicción.


En el camino de nadie,

nos veremos y nos vemos como no nos vimos antes.

Así de luminoso y frío se me descuera el alma.

Por el hambre,

todo por el hambre.


Buen comedor bajo la manga

del arquitecto que juega a las escondidas.

Bienvenidas sean sillas, bien venidas.


Veo bajo la tumba del hombre bueno,

su gran corazón aun tirita bajo la tierra donde cayó.

tan fuerte gravedad nos roba el cuerpo mañana.


Mis dedos que se enredan esquivando y atrapando,

y entre tanto tu piel azulada, como muchas,

con aroma a estrella me taladra dando gironés

bajo carne a carnes.

En la distancia, tanta.


Delfín juguetón de agua,

amigable ser humano,

ave imperfecta.


Mano solitaria curandera soñadora,

que belleza que somos así de tristes e indefensos huesos del hoy fósil.


Pensares y hazañas tuyas y mías

de lo mismo somos la masa de pan

que de hambre inventa artefactos de madurez.


Para todo.

es probable que nosotros seamos las sorpresas no sorprendidas.

….. y la princesita se lleva bien con los odiables.

El problema no es la sangre,

son las venas.

Aun no estamos acabados, yo les dije pero ellos no escucharon. No quería cambiar el mundo aun, solo les comentaba lo que me parecía que les hacia falta escuchar. Prendí un cigarrillo y me puse un poco nervioso al ver que comenzaron a mirarme como si fuera otra cosa, ni persona, ni animal, casi como si estuvieran viendo algo sin palabra. Yo me dije entre mis pensamientos “estos idiotas no recordaran nada”. No se porque estaba ahí esa noche con ese grupito de gente tan linda y mentirosa, tal vez estuve con alguien, con uno de esos pequeños infiltrados que se entretienen en su fetichismo de sentirse extraños. Recuerdo haberme ido al baño para poder mirar el reloj sin que nadie me viera y se sintiera mal. Todo me pareció tan idiota esa noche, perdí horas de mi vida allí, en esos muros tan pálidos, con esos huesos tan muertos y ese olor a conciencia manufacturada similar al de un hospital. Me sentí solo, y no únicamente solitario, sino incluso vacío de órganos, es que yo se que estos hijos de puta serian felices en un mundo metálico adornado con los mas lindos cuadros. Yo solo les dije que aun no estábamos acabados y ellos me miraron como si les hablara desde los sueños, y entonces supe que ellos si están acabados, pero que aun no acaban con nosotros. Tal vez yo me he equivocado en decir esas frasecitas que esta gentuza tiende a digerir como bromas de comedias familiares, pero es que a veces hay que equivocarse un poco, al menos así se enteran de lo indomable.